Estoy aquí sentada, en un sitio que ni siquiera yo sé dónde está, os observo a todos. Puedo ver cada uno de vuestros fallos y aciertos, puedo ver cómo, cuándo y dónde hacéis cada cosa, puedo, incluso, hasta adivinar cada una de vuestras acciones. Sois todos tan iguales…
Hoy llueve, truena, parece que el mundo vaya a romperse, y todo esto es al ver tanto egoísmo, tanta hipocresía, tanta maldad. Sueño con que alguno de esos truenos alcance a alguien de los que provocan esta inquietud en mí. No os merecéis ni la mitad de lo que tenéis, deberíais estar orgullosos, por lo menos, de tener algo, y sin embargo, lo despreciáis como si nada. Vuestro egoísmo me pone furiosa. Sin embargo, guardo la calma para aquellos que no tienen la culpa, y regalo soplos de esperanza a quien ya no tiene fuerzas para seguir. Y, ¿vosotros? Vosotros ya seréis castigados, al fin y al cabo, yo no soy nadie para hacéroslo pagar.
Quitando las tormentas, vivo en paz, aquí se está bien, el ambiente es cálido, silencioso. La verdad es que no podría estar mejor, hay mucha tranquilidad…
…Un día se acaba mi calma. Abro los ojos y siento frío, por primera vez, oigo un estridente sonido que parece venir de mí, pero ese no es el único ruido. Hay mucha gente a mi alrededor, me miran, están más cerca de lo que nunca habían estado. Me agobian. Intento levantarme para intentar huir, pero no puedo. Me siento torpe, pequeña, inútil…Pasa el tiempo y sigo siendo dependiente de alguien para sobrevivir. Nunca había tenido esa necesidad.
Hay días en los que vuelvo a notar ese líquido de hace tanto tiempo resbalando por mi cara. Todavía no sé porqué sale eso de mis ojos, pero hace que me sienta como aquel entonces, torpe, pequeña, inútil, incapaz de decir todo lo que siento. Duele. Nunca había sentido ese dolor.
Hoy es extraño, siento como si después de tantos años aquí dentro, este cuerpo haya adquirido vida, siento a alguien que por primera vez dice lo que siempre he querido decir, parece que compartimos los mismos sentimientos. Que respiro…por fin puedo expresarme, es un alivio no sentirse tan sola en un mundo en el que nadie es capaz de verme…
Pero espera, ¡¿porqué callas?! No es posible que dure tan poco este nuevo sentimiento de calma y libertad. Vuelvo a sentirme atrapada. Vuelven a caer esas lágrimas de impotencia. Otra vez el mismo ahogo de antaño. Ahora puedo sentir en primera persona lo que antes veía desde afuera, ahora necesitaría uno de mis soplos…pero, ¿habrá alguien que me lo dé?
No puedo seguir aquí atrapada, me han cortado las alas sin yo quererlo, y mis piernas no son lo suficientemente fuertes como para mantenerme en pie…Sólo espero que pase pronto el tiempo, separarme de este mundo tan pesado para mí…necesito volar.
- Vuela alma mía…