domingo 21 de noviembre de 2010

Egoísmo

¿Cuánto vales? Esta sería una de las primeras preguntas que tendríamos que hacernos para decidir en qué dirección deberíamos dirigir nuestras vidas. Un camino de autorrealización en el que luchamos por nosotros o un camino en el que vivimos por y para otros.

Hay quien consideraría que el egoísmo es algo malo, quizás la mayoría lo piense. Nuestra ética, moral, educación, sociedad nos hace pensar que el de al lado vale lo suficiente más que nosotros como para que merezca nuestro tiempo. Pero en una balanza, ¿qué vida pesa más? Dedicar tu tiempo a alguien para que sea feliz, sinceramente, lo considero una estupidez, y más si el precio es nuestra propia felicidad. No digo que no haya que pensar en nadie sino que a la hora de elegir yo, en este caso, valgo más que tú. Ahora es cuando saltarían las alarmas y me tacharían, como poco, de mala persona.

No estamos obligados a dar nada por nadie, eso no quita que a veces lo hagamos, incluso por placer pero, ¿dónde está el límite? Sólo hay una vida y tú decides en que gastarla o malgastarla. ¿Merece la pena luchar por algo que sólo te aporta dolor o que simplemente no te aporta nada?

Esperanza, caridad, ser buena persona o una ristra de excusas por guardar algo que te consume. Hay un límite que hay que tener claro, el que diferencia tu vida de la mía. Creo que cada uno tenemos la nuestra y muy poco tiempo como para dedicarlo a otros. Quizás haya quien merezca nuestra atención e incluso esfuerzo por hacer su vida más fácil y llevadera, pero también quien no merece ni un mísero suspiro nuestro.

Abandonar a su suerte a las personas, ¿qué hay de malo? Siento decirte que no estoy obligada a salvarte, y si no eres capaz de hacerlo tú mismo quizás esto no este hecho para ti. Sólo sobreviven los más fuertes, y no hablo de un instinto animal de supervivencia o lucha sino de inteligencia.

Madurar, reconocer tus errores, tus aciertos, hacerte responsable de tus actos y vivir en consecuencia, aprender a corregirte si te equivocas. Si no lo haces tú, ¿por qué iba a hacerlo yo por ti? Es imposible hacer reaccionar a una mente que se niega a cambiar. Una mente egoísta. Yo también tengo la mía y tampoco aceptaré que nadie la cambie si considero que está bien así, y si no encajamos como somos, quizás sea mejor separarse. Compartamos momentos, ideas, pero dejemos un espacio si las cosas no funcionan.

¿Sonreír por ti o llorar por quien consideras importante? Tú decides cómo vivir.


1 comentarios:

  1. ME ENCANTA tu entrada. Sencillamente me parece genial.Una pasada ciertas partes. Las recordare para aplicarlas de vez en cuando. Un beso.Pau.

    ResponderSuprimir